Comentarios sobre la vida en general y la de los cercanos en particular, o "Mañana hablaremos del Gobierno, PePeLui"
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domingo, 27 de julio de 2008
Viaje a "Casa Nova".
Este puente hemos estado bucólicos. Hemos pasado el viernes, el sábado y parte del domingo en un paraje campestre/montañoso llamado "Casa Nova". Invitados por mi primo Ricardo (hacía años que no nos veíamos) nos hemos acoplado en su casa, mi costilla y yo. Una casa preciosa, de tipo rural pero con todas las comodidades modernas y con un diseño y una habitabilidad de lujo. Se encuentra enclavada en "Casa Nova", una pequeña aldea de no más 60 casas en "la Raya", la frontera entre Portugal y España, ya dentro de Portugal. El paisaje es impresionante por la paz en la que está envuelto, solo se oyen el rumor del viento, el piar de los pajaritos y la voz placentera de un pequeño arroyo que pasa al pie de la casa. Han sido unos días muy relajantes, hemos comido, hemos bebido, hemos hablado y hemos retomado una relación que por circunstancias de la vida, tanto de la de mi primo como de la mía, nos habían distanciado. Es bueno, muy bueno, reencontrar a la familia, másime como es mi caso que no es que sea muy numerosa. Su mujer, Victoria, mi mujer, Ana, se han conocido en este viaje. Parece que han hecho buenas migas. Esto facilitará que esta ocasión no se quede en especial y única. Me gustará repetir el experiencia, visitar a mi primo y su familia o que ellos nos visiten a nosotros. Todo se andará. Cuando cargue las fotos que he hecho en el viaje, subiré alguna para ilustrar esta entrada. De momento valga con estas palabrillas.
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domingo, 20 de mayo de 2007
Es domingo, día tonto donde los haya...
Es domingo, por la tarde, día tonto donde los haya.
Después de comer un ceviche (plato peruano que se hace con pescado troceadito, generalmente blanco, cocido en limón y aderezado con cebolla, culantro, ají y otras especias y acompañado de papas, choclos -granos de maíz tostados- lechuga y camote -boniato en España-), hemos paseado, mi costilla y yo, por la Avenida de Portugal, ese nuevo espacio que el Alcalde de Madrid, Sr. Gallardón (¡eso es formalidad!), ha ganado a los centauros modernos para disfrute y solaz de los viandantes de pinrel.
En un principio, así a vista de vuela pluma, el paseo parece de lo más interesante, zonas ajardinadas a media altura con profusión de arbolitos incipientes (¡ay, de aquellos gigantes convertidos en molinos o en palillos), bancadas de cemento alrededor de esos jardines colgantes para descanso de l@s ciudadan@s cansad@s, unos circulos grandes hechos de piezas de cerámica azul en mitad del paseo y, en general, bien despejado y con buena vista de los pabellones antiguos de la Feria del Campo del caudillín, convertidos hoy en palacios del buen comer y del mejor beber.
Pero hete aquí que paseando, paseando por este bulevard, se descubren esos pequeños detalles que ensombrecen la reputación de hasta las mejores familias. Se notan las prisas, o la falta final de presupuesto, no se bien. Nos encontramos con las entradas de vehículos de emergencias (es un suponer, porque no hay ninguna señalización) sin terminar, los cementos sin pulir, los arbolitos enfundados en una especie de camiseta, los accesos peatonales terminados con chapa galvanizada, más fea que un dolor y así un sinfin de detallitos que dejan feo el paseo, por otra parte amplio y de buen circular. Y cuando los avispados emprendedores llenen de bares y garitos la acera convivencial de esta avenida, entonces sí que será un bulevard para visitar y pasear a la luz de las luciérnagas.
Hasta entonces ni un voto a Gallardón!
Como se puede ver es domingo, por la tarde, llueve de cojones, día tonto donde los haya y, además, yo no voto en Madrid.
Después de comer un ceviche (plato peruano que se hace con pescado troceadito, generalmente blanco, cocido en limón y aderezado con cebolla, culantro, ají y otras especias y acompañado de papas, choclos -granos de maíz tostados- lechuga y camote -boniato en España-), hemos paseado, mi costilla y yo, por la Avenida de Portugal, ese nuevo espacio que el Alcalde de Madrid, Sr. Gallardón (¡eso es formalidad!), ha ganado a los centauros modernos para disfrute y solaz de los viandantes de pinrel.
En un principio, así a vista de vuela pluma, el paseo parece de lo más interesante, zonas ajardinadas a media altura con profusión de arbolitos incipientes (¡ay, de aquellos gigantes convertidos en molinos o en palillos), bancadas de cemento alrededor de esos jardines colgantes para descanso de l@s ciudadan@s cansad@s, unos circulos grandes hechos de piezas de cerámica azul en mitad del paseo y, en general, bien despejado y con buena vista de los pabellones antiguos de la Feria del Campo del caudillín, convertidos hoy en palacios del buen comer y del mejor beber.
Pero hete aquí que paseando, paseando por este bulevard, se descubren esos pequeños detalles que ensombrecen la reputación de hasta las mejores familias. Se notan las prisas, o la falta final de presupuesto, no se bien. Nos encontramos con las entradas de vehículos de emergencias (es un suponer, porque no hay ninguna señalización) sin terminar, los cementos sin pulir, los arbolitos enfundados en una especie de camiseta, los accesos peatonales terminados con chapa galvanizada, más fea que un dolor y así un sinfin de detallitos que dejan feo el paseo, por otra parte amplio y de buen circular. Y cuando los avispados emprendedores llenen de bares y garitos la acera convivencial de esta avenida, entonces sí que será un bulevard para visitar y pasear a la luz de las luciérnagas.
Hasta entonces ni un voto a Gallardón!
Como se puede ver es domingo, por la tarde, llueve de cojones, día tonto donde los haya y, además, yo no voto en Madrid.
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